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Últimamente leo muchos posts en LinkedIn repitiendo la misma idea: “los alumnos estudian inglés durante años, pero luego se bloquean en situaciones reales”.

Y siempre me surge la misma duda.

¿El problema es del alumno… o de cómo se le enseña?

Después de 29 años dando clase, lo tengo bastante claro: cuando un estudiante no sabe reaccionar en inglés, normalmente no es falta de capacidad. Es falta de práctica real.

No de teoría.
No de ejercicios.
No de rellenar huecos.

De uso real del idioma.

Yo tuve la suerte de empezar con una profesora particular desde los 8 años que me hacía hablar en cada clase. Desde el minuto uno. Sin excusas. Sin “ya hablarás cuando tengas más nivel”.

Luego llegó el colegio, el instituto, la universidad… y la historia cambió. Mucha gramática, poco uso. Mucho entender, poco producir.

Y ahí aprendí algo que me ha acompañado toda la vida como profesor:
enseñar como me hubiera gustado aprender.

En mi caso, lo tuve claro desde el principio.

En clase se habla inglés.
Siempre.
Desde el primer día.

Porque si no… ¿qué tipo de clase

es esa en la que no se usa la lengua que se aprende?

En mi academia, Castle School, hay ruido. Mucho ruido.
Pero es ruido del bueno.

Alumnos que dudan, que prueban, que se equivocan… y que vuelven a intentarlo.
Conversaciones reales. Situaciones reales. Reacciones reales.

¿El resultado?

Alumnos que se van de viaje y hablan en inglés con naturalidad.
Padres sorprendidos (y orgullosos).
Y estudiantes que llegan a un examen oficial —como los de Cambridge— y afrontan el speaking con soltura, no como algo ajeno.

Porque ya lo han hecho antes. Muchas veces.

Por eso, cuando leo que “los alumnos no hablan”,  sinceramente, creo que la reflexión debería ir en otra dirección.

Quizá no es que no puedan.
Quizá es que no se les está pidiendo de verdad que lo hagan.

Y entonces vuelvo a la pregunta inicial:

¿Es tan difícil… o simplemente hay que cambiar la forma de enseñar?

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